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Por Bernardo Kliksberg
¿Qué está
pasando en el mundo empresario? El 45% de las 250 empresas mayores
del planeta producen informes regulares sobre sus actividades
medioambientales, sociales y el gobierno corporativo. Es una
exigencia de la sociedad y de los inversores. Una reunión de grandes
fondos de pensión convocada por la ONU concluyó que "estas
actividades tienen claros efectos materiales en el largo plazo, y
las empresas y los inversores que no las tienen en cuenta lo hacen a
su propio riesgo". Goldman Sachs resalta que "las consideraciones de
medio ambiente y sociales cuentan. En un mundo cada vez más complejo
son parte de la calidad de la gerencia necesaria para competir
exitosamente". Pricewaterhouse Coopers muestra, en un estudio
reciente (CEO Argentina, 2) la importancia que están teniendo los
balances sociales en la toma de decisiones de los inversores.
Las empresas líderes expanden sus actividades de responsabilidad
social empresarial (RSE). Gates estableció la mayor fundación del
mundo, dotándola de 31.000 millones de dólares. Se concentra en
ayudar a enfrentar las desigualdades en salud. Brin y Page,
creadores de Google, formaron una fundación que esperan "eclipse un
día a Google en su impacto, aplicando innovación y recursos
significativos a los mayores problemas mundiales". Los directivos de
eBay aportan millones para "hacer del mundo un lugar mejor". Los
dueños de Intel encabezan la tabla de donantes mundiales en el
último quinquenio. El presidente de General Electric dice que el
futuro de la empresa está en su capacidad para "estar en la punta en
energía limpia y tecnología ambiental". La Fundación Soros, que
abrió caminos, apoya activamente procesos de democratización.
Schmidheiny, creador de la prestigiosa Fundación Avina, creó también
el Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible, que
reúne a las 160 empresas más importantes del orbe y que define la
RSE como "el compromiso de las empresas de contribuir al desarrollo
económico sostenible, trabajando con los empleados, sus familias, la
comunidad local y la sociedad en general, para mejorar su calidad de
vida".
La vara de medida para considerar que una empresa hace realmente RSE
ha ido subiendo. No bastan las relaciones públicas, ni la
filantropía convencional. Se está pidiendo un compromiso a fondo e
impactos concretos. Una pionera, Peggy Rockefeller Dulany, precisa:
"Con el dinero viene la educación, el poder de decisiones, vínculos
con las elites en otros países y un enorme poder. Queremos ayudar a
que se usen todas esas ventajas, el dinero y las conexiones, sean
personales, familiares o de negocios, para crear beneficio público".
Cáusticamente, Reich cuestiona las desgravaciones fiscales que se
usan sólo para apoyar "cosas como escuelas de elite, salas de
concierto, etcétera...". Advierte que, ante ese tipo de filantropía,
"hay que dejar el autoengaño de que se hace mucho por ayudar a los
pobres".
La RSE crece bajo las presiones combinadas de una sociedad civil
cada vez más activa, consumidores organizados e inversores ansiosos
después de los "enrones". El gurú gerencial, Charles Handy, dice que
"si usted es rico, quiere estar tanto en la lista de los que dan
como en la lista de los ricos", y The Economist cita al asesor de un
banco suizo líder, que estima que un 25% de sus clientes muy ricos
ya están comprometidos con causas filantrópicas, un 40% está
pensando activamente en ello y un 15% lo está poniendo en su agenda.
La RSE es vista como una prueba de eficiencia gerencial y una
ventaja competitiva muy importante. Por ello, un nuevo libro
dedicado a experiencias exitosas de RSE se titula: Cómo a los
ejecutivos líderes les va bien por hacer el bien .
¿Hacer RSE en América latina es hacer lo mismo que en el mundo
desarrollado? Sugerimos que no. La agenda en un continente como éste
debe ser más vasta. Para alcanzar la medida, una empresa debería
cumplir las exigencias medioambientales, de buen gobierno
corporativo, de responsabilidad con su personal y los consumidores,
de participación en programas de interés público y de información.
Hay un largo camino a recorrer en la región en todos estos aspectos.
Según Mónica Araya (Yale), entre el 90 y 2003, sólo el 6% de los
informes de sustentabilidad publicados en las Américas fueron de
América latina. Pero, además, en un continente con tanta pobreza y
desigualdad, la empresa debe poner los "activos" de que habla Dulany
a disposición de esas causas en alianzas estratégicas con las
políticas públicas y las ONG. Por otra parte, en una región donde la
familia es un valor colectivo, y según las encuestas la institución
más respetada por los jóvenes, las empresas deberían buscar vías
innovadoras para conciliar trabajo y familia. En países como España,
ello se está buscando activamente y ha surgido el concepto de
"empresa familiarmente responsable". En países con tasas de evasión
que superan el 40%, la empresa debe ser un modelo de conducta
fiscal.
Pero hay más. Las metas -hoy consensuadas en la región y en la
Argentina- de garantizar a todos educación y salud de buena calidad,
apoyar la pequeña y la mediana empresa, superar las discriminaciones
de etnia, color y género, cubrir a la tercera edad requieren amplias
concertaciones y más recursos fiscales. La RSE debería incluir un
replanteo del pacto fiscal vigente: es regresivo y genera recursos
muy inferiores a los promedios de los países desarrollados. Así,
para toda América latina, los ingresos del Estado se estimaban (BID,
2001) en 18% del producto bruto, frente al 36,30% promedio de los
desarrollados (en la Argentina, 22,5%).
¿Corre riesgo la empresa asumiendo una agenda actualizada de RSE? No
parece. Según Julio Moura, presidente del exitoso Grupo Nueva, que
opera en quince países de la región, aplicar en toda su gestión la
idea del "triple resultado", económico, social y ambiental, tiene
beneficios inmediatos: "Nuestras empresas empiezan a ver que es un
claro elemento diferenciador en los mercados, notan que las
mediciones de clima laboral muestran que nuestros colaboradores se
sienten más motivados y satisfechos. Sienten que iniciar procesos de
diálogo y consulta con sus principales públicos interesados ayuda a
identificar nuevas posibilidades de negocios, a disminuir riesgos y
fortalecer la reputación".
Los riesgos, entonces, los correrán las empresas que no practiquen
una RSE de alta calidad, en sociedades que tienen una aguda "sed de
ética" en todos los ámbitos.
Los últimos libros del autor son La agenda ética pendiente de
América latina y Más ética, más desarrollo.
Fuente: Diario LA NACIÓN - Argentina
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